martes, 19 de febrero de 2008

La noticia del día

La noticia del día

Joaquín Arriola

"ETA hace estallar una bomba que causa grandes daños en los juzgados de Bergara" (El Correo)
"Estalla una bomba ante la puerta de los juzgados de Vergara sin dejar víctimas" (El Mundo)
"El PP regulará el uso del velo en la escuela y otros lugares públicos para no discriminar" (ABC)
"Rajoy reformará la Ley de Igualdad para evitar el velo en las escuelas" (La Razón)
"El PP restringirá el uso del velo en su 'contrato' para los inmigrantes" (El País)
"Durán corrige a Pujol: estamos dispuestos a gobernar España" (La Vanguardia)
"Rajoy recurre al miedo, Botín inspira confianza" (Público)

Este es el panorama informativo que aportan los principales diarios españoles para que los ciudadanos se formen su opinión en el dia de hoy, viernes 8 de febrero.

Ninguno de ellos se hace eco, ni en su primera página ni en el interior, de la verdadera noticia del día, que encontramos en la portada de un diario gratuito, 20 minutos. Eso si, como una noticia menor en la parte inferior derecha de la misma: "Permitido el despido mientras se está de baja" (1). El periódico recoge en su versión escrita un comentario de Enrique Lillo, abogado del sindicato Comisiones Obreras, el cual recuerda que fue en 1994 cuando la reforma laboral impulsada por el Partido Socialista (PSOE) suprimió de la legislación española la prohibición de despedir a un trabajador mientras está de baja.

Hasta ahora, los despidos durante una baja laboral se consideraban nulos, por atentar contra la integridad física y el derecho a la salud del trabajador. La nueva doctrina del Tribunal Supremo pone las cosas en su sitio: la "pérdida para la empresa de interés productivo en el trabajador" es un valor que los tribunales españoles tienen que defender por encima del derecho a trabajar, o a recuperarse de una enfermedad: "se distorsiona la realidad de los hechos cuando se afirma que la trabajadora ha sido represaliada por haber ejercitado su derecho a la salud (con baja laboral y asistencia sanitaria), siendo así que el despido se produce por la situación (inicialmente transitoria) de incapacidad para el trabajo, no por el parte de baja".

La brutalidad de esta sentencia no escapa al ilustre abogado laboralista, que dice que ahora estamos "peor que antes de 1994". Sin embargo, esta doctrina -el interés del capital es un bien jurídico y social a proteger, el trabajo ni es un bien jurídico ni genera un derecho subjetivo- forma parte de la ideología vigente, incorporada en el tratado europeo que tan positivo les parece a los sindicatos mayoritarios de Europa y España, y se refleja por ejemplo en sentencias del Tribunal Europeo de Justicia que colocan el derecho a la libre movilidad del capital por encima del derecho de huelga, y que han causado cierta indignación en esos mismos sindicatos, incomprensible por su apoyo explícito al ordenamiento jurídico que facilita y promueve esta escala de valores.

También es interesante la información que aporta el periódico económico que aparece en la web de 20 minutos como fuente de la noticia: «Fuentes jurídicas consultadas por Expansión explican la trascendencia de este fallo. Como explica Martín Godino, socio de Sagardo y Abogados, "la consecuencia de este pronunciamiento es que la empresa puede despedir a los trabajadores pagando la indemnización por improcedencia, cuando éstos se encuentran en situación de enfermedad sin más causa que la propia incapacidad temporal para trabajar". Este experto apunta que se trata de una "dura doctrina", por lo que "no es descartable que termine encontrando una respuesta del legislador".»

Es decir, hasta un periódico vinculado a los círculos empresariales de la derecha católica, y un abogado de empresa, reconocen que la decisión del Tribunal Supremo es un desvarío que puede generar cambios en la legislación. Con lo cual lo único que demuestran es su escasa fe en la capacidad de manipulación de conciencias de la sociedad de control en la que se ha convertido el capitalismo avanzado, pues mientras los medios de comunicación sigan informando con la diversidad de enfoques que se refleja más arriba, no habrá debate civil sobre el asunto. Y todavía parecen creer en que pueda haber una respuesta social, desconociendo que las organizaciones sociales y políticas más importantes articulan identidades particulares y no universales, y se movilizan en función de su propia reproducción y no de la transformación social.

En todo caso, tenemos entre manos un buen elemento para evaluar en los próximos días el grado de letargo social en que se encuentra la sociedad española, y el grado de envilecimiento de su clase política, de la cual forman parte esencial los medios de comunicación de masas. Y los dirigentes sindicales, tanto como los patronales.


(1) En la web de 20 minutos hay un debate sobre la cuestión: Desde ahora, tu empresa puede echarte si estás de baja por enfermedad.

miércoles, 23 de enero de 2008

viernes, 18 de enero de 2008

"Nosotros, las ratas"

Cientificos de Oxford han conseguido alterar no sé qué en el cerebro de unas ratas y han logrado que se enamoren de los gatos. En lugar de esconderse de ellos, los buscan. Pero como el cerebro de los gatos sigue siendo el mismo, se zampan a las ratas, con gran satisfacción.
Lo que no entiendo es por qué no han bautizado al experimento con un nombre adecuado. “Globalización”, por ejemplo.

Javier Ortiz (27-VII-2000)

martes, 15 de enero de 2008

89 años del asesinato de Rosa Luxemburgo

La noche del 15 de enero de 1919 en Berlín, fue detenida Rosa Luxemburgo: una mujer indefensa con cabellos grises, demacrada y exhausta. Una mujer mayor, que aparentaba mucho más de los 48 años que tenía.

Uno de los soldados que la rodeaban, le obligó a seguir a empujones, y la multitud burlona y llena de odio que se agolpaba en el vestíbulo del Hotel Eden le saludó con insultos. Ella alzó su frente ante la multitud y miró a los soldados y a los huéspedes del hotel que se mofaban de ella con sus ojos negros y orgullosos. Y aquellos hombres en sus uniformes desiguales, soldados de la nueva unidad de las tropas de asalto, se sintieron ofendidos por la mirada desdeñosa y casi compasiva de Rosa Luxemburgo, "la rosa roja", "la judía".

Le insultaron: "Rosita, ahí viene la vieja puta". Ellos odiaban todo lo que esta mujer había representado en Alemania durante dos décadas: la firme creencia en la idea del socialismo, el feminismo, el antimilitarismo y la oposición a la guerra, que ellos habían perdido en noviembre de 1918. En los días previos los soldados habían aplastado el levantamiento de trabajadores en Berlín. Ahora ellos eran los amos. Y Rosa les había desafiado en su último artículo:

«¡El orden reina en Berlín! ¡Ah! ¡Estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro orden está levantado sobre arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria y el terror asomará en vuestros rostros al oírle anunciar con todas sus trompetas: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!».

La empujaron y golpearon. Rosa se levantó. Para entonces casi habían alcanzado la puerta trasera del hotel. Fuera esperaba un coche lleno de soldados, quienes, según le habían comunicado, la conducirían a la prisión. Pero uno de los soldados se fue hacia ella levantando su arma y le golpeó en la cabeza con la culata. Ella cayó al suelo. El soldado le propinó un segundo golpe en la sien.

El hombre se llamaba Runge. El rostro de Rosa Luxemburgo chorreaba sangre. Runge obedecía órdenes cuando golpeó a Rosa Luxemburgo. Poco antes él había derribado a Karl Liebknecht con la culata de su fusil. También a él le habían arrastrado por el vestíbulo del Hotel Eden.

Los soldados levantaron el cuerpo de Rosa. La sangre brotaba de su boca y nariz. La llevaron al vehículo. Sentaron a Rosa entre los dos soldados en el asiento de atrás. Hacía poco que el coche había arrancado cuando le dispararon un tiro a quemarropa. Se pudo escuchar en el hotel.

La noche del 15 de enero de 1919 los hombres del cuerpo de asalto asesinaron a Rosa Luxemburgo. Arrojaron su cadáver desde un puente al canal. Al día siguiente todo Berlín sabía ya que la mujer que en los últimos veinte años había desafiado a todos los poderosos y que había cautivado a los asistentes de innumerables asambleas, estaba muerta. Mientras se buscaba su cadáver, un Bertold Brecht de 21 años escribía:

La Rosa roja ahora también ha desaparecido. Dónde se encuentra es desconocido. Porque ella a los pobres la verdad ha dicho Los ricos del mundo la han extinguido.

Pocos meses después, el 31 de mayo de 1919, se encontró el cuerpo de una mujer junto a una esclusa del canal. Se podía reconocer los guantes de Rosa Luxemburgo, parte de su vestido, un pendiente de oro. Pero la cara era irreconocible, ya que el cuerpo hacía tiempo que estaba podrido. Fue identificada y se le enterró el 13 de junio.

En el año 1962, 43 años después de su muerte, el Gobierno Federal alemán declaró que su asesinato había sido una "ejecución acorde con la ley marcial". Hace sólo nueve años que una investigación oficial concluyó que las tropas de asalto, que habían recibido órdenes y dinero de los gobernantes socialdemócratas, fueron los autores materiales de su muerte y la de Karl Liebknecht.